MI VISIÓN
DE LA PLATA

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UNA CIUDAD
A LA ALTURA
DE SU HISTORIA



 
“LA PLATA NO ES SOLAMENTE UNA CIUDAD. ES LA EXPRESIÓN URBANA DE UN IMPULSO DE PROGRESO, DE UN SENTIDO OPTIMISTA, TRIUNFALISTA”
 

La Plata nació en la cabeza del ingeniero Pedro Benoit. Fue una ciudad que, al igual que Washington D.C, primero fue pensada y después construida. El eje fundacional de calle 52, los espacios verdes cada seis cuadras, su trazado en cuadrícula, las diagonales: todo estuvo calibrado antes de que se colocase el primer ladrillo. A fines del siglo XIX, debido a esta meticulosa planificación, la capital provincial era sinónimo de orden, modernismo y progreso. En cualquier rincón del mundo, cuando pronunciaban su gentilicio, los platenses inflaban el pecho de orgullo.

El siglo XXI trae una paradoja histórica. A ciento cuarenta años de su fundación, la ciudad, que, por su diseño urbanístico, fue un faro vanguardista para la región, es un caos. Abandono, cortoplacismo e improvisación son marcas indelebles en la capital de la provincia más poblada del país. Después de la trágica inundación de abril de 2013, La Plata nunca más volvió a ponerse de pie. Un gris profundo se apoderó de ella; atrás quedó ese verde típico que ofrecían sus tilos, naranjos y parques públicos.

Pero los platenses no somos pesimistas. Como dijo alguna vez el historiador Félix Luna: “La Plata no es solamente una ciudad. Es la expresión urbana de un impulso de progreso, de un sentido optimista, triunfalista”. Y tenemos motivos de sobra para salir adelante. Contamos con una de las mejores universidades públicas del país. Por las aulas de UNLP pasaron personalidades de la talla de René Favaloro, Ernesto Sábato y Emilio Pettoruti. La producción y la circulación de conocimiento forman parte de la rutina de la capital bonaerense. Solo falta voluntad política para ponerlo al servicio del desarrollo.

También disponemos de una amplia oferta cultural. El Teatro Argentino, el Teatro Coliseo Podestá, el Teatro del Lago y el Estadio Único son algunas de las joyas arquitectónicas por donde respira el arte. De acá salieron Virus, Patricio Rey y sus redonditos de ricota, Él mato a un policía motorizado, Guasones, Estelares, por citar algunas bandas icónicas del rock nacional. Ni hablar del bailarín Iñaki Urlezaga. O las plumas de Gustavo García Saraví, Francisco López Merino y Pedro Bonifacio Palacios (más conocido como “Almafuerte”).

Además poseemos un gran potencial económico. El puerto, el cordón frutihorticola, el aeropuerto, un sector privado pujante y la ubicación estratégica (cerca de Capital Federal, el Río de La Plata y el corredor Atlántico) son capacidades que demandan una coordinación integral para transformarse en activos. Una visión que conecte las necesidades inmediatas con los desafíos mediatos.

Tenemos la tarea de levantar a nuestra ciudad y ponerla a la altura de su historia. Con la fuerza de la memoria y la energía de esa juventud que vemos todos los días pedalear por las diagonales; por los que la soñaron y la construyeron, por los que hoy la vivimos y, sobre todo, por las generaciones que vendrán: recuperemos La Plata.